¿Quién es en realidad Holly Golightly?

Por REBECA GARRIDO

Mucho se ha especulado sobre quién podría esconderse tras el personaje al que Truman Capote dio vida en Breakfast at Tiffany’s en 1958. Los críticos, divididos e ignorados a partes iguales, apostaban todo su prestigio a un todo o nada con el objetivo de averiguar si la joven y alocada protagonista de esta corta novela existía en realidad. El propio Truman Capote, preguntado en una entrevista en la revista Playboy acerca de la identidad de Miss Golightly, aseguró que la carismática Holly se basaba en todas aquellas jóvenes que llegaban a Nueva York, revoloteaban por la ciudad y, simplemente, desaparecían del mapa un día sin dejar rastro.

Lo cierto es que pocos personajes literarios han despertado tanta fascinación en el público como la protagonista de Desayuno con diamantes, lo cual es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que, cuando la novela de apenas noventa páginas se publicó, la crítica no prestó demasiada atención a esta nueva obra del estadounidense. Pero Holly Golightly no es una celebridad de la que uno pueda olvidarse fácilmente. Su atrevido corte de pelo a lo garçon en los tempranos años cuarenta, con mechas en diferentes tonos de rubio, nos acerca a la personalidad atrevida de la que fuera la reina de las fiestas del Upper East Side. En contra de lo que la mayoría de los espectadores de la adaptación cinematográfica puedan pensar, Holly no posee una belleza despampanante que haga enmudecer a todo el que la contempla. Es su coquetería y gracia lo que la convierten en una mujer diferente y única, dejando perplejo a todo el que tiene la suerte de intimar con ella. Pero la protagonista de la historia es algo más que una cool girl neoyorquina que maneja a hombres maduros y adinerados a su antojo. Su persona se nos presenta tan oculta como compleja, pues tan solo puede ser apreciada «si se tiene una sensibilidad», en palabras de O. J., quizás el único personaje que parece tener una idea aproximada, aunque errónea, de Miss Golightly.

«No es una farsante porque es una farsante auténtica. Se cree toda esa mierda en la que cree.»

A pesar de su rostro angelical y su aparente inexperiencia, Holly no es ni de cerca una beata que ignore el alcance que pueden tener sus acciones. Tan falsa como auténtica, tan sumida en la más completa alegría como hundida en la desdicha más irreparable, la sensibilidad de la joven se va desdibujando paulatinamente durante el relato, y muy a su pesar, pues Holly hace todo lo que está a su alcance para ocultarse detrás de unas enormes gafas de sol. La elegancia y sofisticación serán su escudo frente al mundo, dado que nadie conoce tan bien el significado de las apariencias entre la alta sociedad norteamericana del momento.

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Audrey Hepburn interpretó a Holly Golightly en la adaptación de Blake Edwards (1961)

Pero, volviendo al tema inicial, Miss Golightly no es un juguete frágil al que todos admiren desde la distancia. Holly está estancada entre la adultez independiente que pretende alcanzar y el pasado tortuoso del que no consigue escapar. Por un lado, se describe como una «criatura salvaje» que ama la libertad y detesta cualquier tipo de jaula, ya sea la del amor entre un hombre y una mujer o la prohibición del consumo de drogas. Por otro, busca exasperadamente un lugar al que pertenecer y en el que encontrarse a sí misma, un rincón en el que se sienta tan segura como en Tiffany’s. Sin embargo, cuando ese momento parece acercarse, huye desesperada como Lulamae huyó de Texas («Jamás me acostumbraré a nada. Acostumbrase es como estar muerto», llegará a afirmar). Por ello, Holly es una viajera incansable, un alma libre y encadenada cuyo paradero desconocemos desde las primeras líneas del relato. Holly no está en ningún lado porque no pertenece a ningún sitio, ni siquiera a ella misma.

Su incapacidad para asumir la realidad le lleva a buscar desesperadamente un hombre maduro que le permita conservar la vida de alto standing a la que aspira. Mucho se ha debatido acerca de si Holly Golightly es consciente de la aparente prostitución que ejerce durante la trama. Lo sea o no, la icon parece tener muy claros sus objetivos en la vida, aunque, de un modo u otro, sus planes siempre acaben torciéndose.

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Truman Capote fotografiado por Irving Penn, 1965

No es de extrañar que Truman Capote se sintiese fascinado por la protagonista de su novela. Al igual que Holly, Capote vivió una infancia traumática que le perseguiría toda la vida. Él también residió en la ciudad de Nueva York y, rodeado de lujos y excentricidades, utilizó la noche como vía para evadirse de una realidad que le parecía demasiado cruel. Como Miss Golightly, Truman fue abandonado por todos cuantos le acompañaron en sus mejores años, sobre todo sus conocidos más influyentes y poderosos. Por eso Truman Capote es Holly Golightly y Holly Golightly es Truman Capote: ambos seres incompletos, rechazados, abandonados; ambos seres solitarios y desamparados, solos ante un mundo al que no pertenecen ni les pertenece, inmersos en la búsqueda constante de un lugar al que llamar hogar y saber quiénes son; al fin y al cabo, un lugar en el que sentirse como en Tiffany’s.

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