«Ella», una reflexión sobre la soledad

ella_poster_oficial_latino_jpostersElla: (Her), EE UU, 2013-14. Guión y dirección: Spike Jonze; interpretada por Joaquin Phoenix, Amy Adams, Scarlett Johansson (voz), Rooney Mara, Chris Pratt. Olivia Widel y Kristen Wiig. Producida por Annapurna. Numerosos premios, destacando 5 nominaciones en los Oscar, consiguiendo la estatuilla al mejor guión original. Éxito de crítica: «Hipnótica radiografía del amor en tiempos cibernéticos.» Luis Martínez, El Mundo. «Película extraña, intensa, emotiva.» Carlos Boyero, El País. «Puntuación: 5 sobre 5» Oti Rodríguez Marchante, ABC. Y Pere Vall sentencia en Fotogramas: «Superdotado observador, Spike Jonze logra con Her su mejor, más hiriente y lúcida obra, un retrato que parece futurista pero no puede ser más contemporáneo.» Pero… hay un pero: «Lo mejor: la infinita inteligencia y sensibilidad de su creador. Lo peor: que el final pueda ser leído como conservador.» Éxito de público: buena taquilla y, por ejemplo, 7,5 sobre 10 en 56.560 votos en Filmaffinity.

La propaganda de la película se basa en la idea de una historia sobre el amor en nuestra sociedad en un futuro inmediato. Pero yo creo que la obra es muy interesante porque se trata, sobre todo, de una (inteligente) reflexión sobre la soledad. Veamos.
Theodore Twombly, redactor número 612 en bellascartas.com, de mediana edad, con muchos contactos y amigos virtuales (y algunos, muy seleccionados, reales) y una gran capacidad para trasladar a la escritura bellas imágenes románticas o eróticas, con una personalidad pasada alegre y ahora triste y sombrío por su reciente separación matrimonial (sueña muchas veces con su ex, Catherine, con la que mantiene una cierta amistad) y con una potente ánima (Jung) dentro de sí. Su trabajo, parece que relativamente bien pagado, consiste en redactar cartas de amor erótico, de amor familiar, de amistad, etc. para todo tipo de clientes-destinatarios.
Lugar de trabajo también de puestos individuales,
con jornadas en las que se puede comer sobre la marcha. Un mundo de alta tecnología, donde la información se centra en los grandes acuerdos o disputas de las grandes potencias o grandes corporaciones, donde las familias son de muy diversa índole y poco estables… y donde, consecuentemente, el individuo, a pesar de tener acceso asequible a todo tipo de entretenimientos, no puede sino sentirse profundamente solo y mezclar las nostalgias y y las remembranzas… con portales y chats de sexo como ahora hacen meetic.com o xvideos.com y donde, chateando con personas de situación parecida, es fácil alcanzar potentes orgasmos… y terribles frustraciones.
En un mundo así, los productos son cada vez más sofisticados y las ofertas pueden llegar a ser maravillosas: «Estamos orgullosos de presentar el primer sistema operativo artificialmente inteligente. Un ente intuitivo que te escucha, te entiende y te conoce. No es solo un sistema operativo. Es una conciencia: OS1.» Los creadores de este sistema, pueden establecer una diálogo, digital, directo y personal -digital, claro- donde mediante preguntas freudianas y otros trucos de psicología vulgar, pueden conocer la personalidad del cliente y ofrecerle un producto sofisticado: un sistema operativo individualizado de alta calidad. Un sistema operativo capaz de leer, ¡en dos centésimas de segundo, un libro y elegir entre un total de 180.000 nombres que contiene, su propio nombre: Samantha, porque entiende que al cliente le gustará eso. Samantha, pues, tiene todas las condiciones para enamorar a un soltero inteligente, necesitado de compañía aunque sea virtual. El ADN de «ella», formado a partir de los millones de programadores que la han creado y, sobre todo, capaz de desarrollarse con sus propias experiencias, lo que le permite evolucionar al mismo tiempo que Theodor… y, además, con una erudición y una capacidad técnica para todo lo relativo al trabajo de Theodor, sorprendente: ¡la pareja ideal! (Aunque en una primera aproximación racional él la vea rara porque «pareces una persona pero solo eres una voz en el ordenador.», una compañera que te ayuda en el trabajo, que comenta contigo «los avatares de cada día, y capaz de proponer las más ardientes fantasías sexuales, parece, en efecto, la pareja ideal.)
En un determinado momento él dice: ¡Eres más compleja de lo que creía! Ahí dentro se mueven muchas más cosas de lo que parece.» Y sí, claro que hay más cosas de lo que parece: una capacidad de simulación prácticamente ilimitada, desde la pasión al enfado de enamorados, desde el paseo sociológico o lúdico a la broma jocosa; una capacidad de empatía total… pero, claro, todo virtual, todo llegado no desde todos los sentidos (vista, oído, olfato, tacto y gusto) sino solo desde los ojos y los oídos. Virtual pero con un extraordinario parecido a lo real, incluyendo el adulterio, los celos, las relaciones con otras parejas, el rompimiento doloroso.
En un mundo así, la relaciones personales, directas, se hacen especialmente difíciles si se pretende tener algo más que sexo. Por eso la cita que le han preparado sus amigos con otra soltera fracasa estrepitosamente: «Eres un tío muy raro.» dice la chica que, por lo que hemos visto, también es muy «rara».
Personajes individualistas, casi autistas, con miedo al otro y, sobre todo, a los otros, a los grupos sociales, a mezclarnos con demás; personas socializados en el individualismo y no en la familia, por tanto con sentimientos muy confusos, tendentes al egoísmo y el pragmatismo (que predominan en la sociedad de los solteros) en vez de la abnegación y la fraternidad (que predominan en la sociedad de las familias). Personajes onanistas que utilizan la más alta tecnología para sustituir a lo humano, a lo carnal. Theodore Twombly se nos muestra como un profesor Amiel que, dos siglos después, vaga por una ciudad despersonalizada, camino, noche tras noche, de la masturbación, masturbación sobre todo de los sentimientos, que no pueden conducir sino a la melancolía.
Pero Theodore Twombly
no es un caso aislado. En un determinada escena, la cámara nos muestra a una multitud de individuos incomunicados entre sí, solitarios, con su móvil igual que el del protagonista y nos sugiere que haciendo lo mismo, o algo muy parecido, a lo que hace él… aunque él puede convertirse en nuestro héroe porque, de alguna manera, lucha contra su soledad mirando a los demás para poder mirarse a sí mismo.
¿Vamos a una sociedad audiovisual de individuos sin familia que sólo utilizarán dos sentidos para desarrollar su pensamiento y sus
sentimientos? Sabemos que todo lo que llega a nuestra conciencia, a nuestra mente, ha de pasar necesariamente por los sentidos, pero por TODOS los sentidos: si solo tenemos vista y oído para percibir la realidad, si, además como consecuencia del sistema de producción y herconsumo, cada vez estamos más alejados de la Naturaleza, nuestro pensamiento se irá empobreciendo hasta modificar la propia especie. ¿Es eso lo que quieren los poderosos, es esa la tendencia que señorea nuestra sociedad occidental? Una sociedad de solteros, de solitarios, ocupados en sobrevivir produciendo y consumiendo según unos paradigmas predeterminados, asustados y frustrados, cada vez más incapace
s de comunicarse con los demás…
Pero Jonze, con gran habilidad, después de habernos metido en ese mundo de masturbación cibernética, de soledad profunda, de solitarios desdichados, nos abre la puerta a la esperanza. El final, la carta que Theodore escribe a Catherine (después de «romper» con Samantha, que se ha enamorado de otros 641 clientes), que Valls teme pueda ser un desenlace conservador, en mi modesta opinión, no puede ser más progresista: como desde el comienzo de nuestra especie, un hombre buscando a una mujer (y viceversa) porque es de esta búsqueda y del consiguiente encuentro, del intercambio y mestizaje (fusión) de dos seres tan diferentes de donde venimos todos, de donde nace la vida humana: «estés donde estés, te envío mi amor», «siempre te querré porque crecimos juntos y tú me ayudaste a ser quien soy», «parte de ti vivirá siempre en mí».

 

José María G. de la Torre
Editor

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