«La guerra de las galaxias o el éxito social de la superficialidad» por David PL

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El inminente estreno de la nueva secuela de La guerra de las galaxias está causando una auténtica expectación en nuestra frívola sociedad: artículos de merchandising, reservas de entradas para el día del estreno con meses de antelación. Mi pregunta es: ¿cómo algo tan simple obtiene un éxito social tan rotundo? ¿Debemos perder nuestra fe en la humanidad?

Retrotraigámonos a 1977, año de estreno de la primera película de Star Wars: “Una nueva esperanza”. En España, el cadáver de nuestro Oscuro Emperador aún sigue caliente, igual que el resto de los españoles, que se calientan con el Destape. Entonces, surge un fenómeno que cambiará el mundo…

Ganadora de 6 estatuillas y del corazón de millones de fanáticos y de millones y millones de dólares, Star Wars supuso una experiencia distinta, capaz de aplastar al espectador de su butaca. Una película que, más allá de su historia, que podría considerarse de escasa profundidad (el bien contra el mal y poco más…) abrió la veda de los efectos especiales como pilar fundamental del cine moderno.

El héroe con una fe ciega en una religión que acaba de conocer, el manido amor-odio del macho alfa de la película con la única mujer de la galaxia, los ruiditos de robots y seres antropomórficos que todos los demás personajes entienden y el pésimo diseño de la Estrella de la Muerte son los elementos que por sí mismos no valen un chelín, pero juntos consiguieron…

Cortemos el rollo ¿Qué es lo que merece la pena de este filme? La respuesta es triste y evidente: tiene a John Williams y unos efectos especiales espectaculares para la época.

Se me echará encima toda la comunidad friki, pero, en mi opinión, La guerra de las galaxias es una obra extremadamente simple. No hay giros de guión, todo acaba bien, machacan a los antagonistas… Si no hubieran hecho las dos secuelas, esta catarsis fílmica habría acabado abandonada junto a la estantería de la sección porno del videoclub, para desgracia del magnífico Alec Guinnes (Obi Wan Kenobi).

Entonces, ¿cómo se explica su éxito?

En una palabra: Lucecitas. Volvamos a 1977. Venimos de cine con guión, ritmo pausado, algún que otro actor sobreactuado… Pero, en general, se trata de historias humanas y medianamente desarrolladas. Salimos con nuestra gabardina con hombreras a una calle llena de pintadas de transición, democracia, heroína y demás tribulaciones de 1977. Aparcamos nuestro fabuloso seiscientos junto a unos cines que ya habrán derribado para hacer un Corte Inglés (sin pagar parquímetro). Abonamos cuatro pelas por la entrada y llevamos nuestras propias palomitas. Nos acomodamos en esas butacas estrechas y duras y, de pronto…

Letras voladoras, música imponente ¡Naves espaciales pegando tiros, por el amor de Dios! todo con un ritmo frenético que te absorbe y te pega al asiento hasta que vuelven a salir las letras voladoras al final. Sin lugar a dudas, es un gran cóctel. El problema subyace en que la trama no es muy desarrollada ni original. Es… como una peli de vaqueros en el espacio. Suena fantástico, pero no muy profundo.

He de decir que la luz de este clásico la pone el Lado Oscuro. Darth Vader, el villano sin rostro de voz profunda y presencia hierática, es el verdadero protagonista de toda la saga. Un villano que ha salido mejor parado que el actor que lo interpretó. Un personaje que, por sí mismo, propició no una, ni dos, sino cinco secuelas basadas exclusivamente en él y su frase lapidaria desvelando el oscuro secreto de la paternidad del ”protagonista”.

Y ahora… ¿tres películas más? Si las nuevas, que pronto serán las antiguas (episodios I, II y III), haciendo que las antiguas sean las viejas (episodios IV, V y VI), ya eran doblemente insustanciales, ¿qué nos espera con este Despertar de la Fuerza? Por favor… ¿donde está la novedad si ya hemos visto todos los efectos especiales posibles y nuestro gran villano ya no existe?

Mucho me temo que los fans necesitarán que la Fuerza les acompañe para no quedar decepcionados con el “Episodio VII” que se estrena estas Navidades. Pero, al menos, las tiendas harán una estupenda temporada navideña vendiendo camisetas y figuras de acción. ¿Para qué crear algo nuevo y original si podemos coger algo que ya existe, modificarlo levemente y volverlo a vender? Es como cobrar los 200 euros sin pasar por la casilla de salida. Una forma de hacer caja rápida y barata respaldada porque en tu producto rodado enteramente frente a una lona verde tiene la pegatina Star Wars.

Es el triunfo de la superficialidad, de la simpleza, de esta sociedad del consumo que nos absorbe.

David PL

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